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Crisis económica empuja migración en Centroamérica

La difícil situación económica de los países producto de la pandemia intensifica los movimientos migratorios irregulares en la región.

 

A pesar de su riqueza natural, Centroamérica, como diría aquel, “no gana para disgustos”. La situación económica que presenta una economía en desarrollo como la de esa región, atendiendo a años pasados, no es todo lo buena que debería ser. Todos los sucesos que han acontecido al bloque económico han acabado deteriorando sus condiciones hasta límites insospechados.

De hecho, atendiendo incluso a determinados países, como los del triángulo norte de Centroamérica, la situación se ha vuelto tan insostenible que los movimientos migratorios en los últimos años se han disparado exponencialmente. Unos movimientos que tienen como fin el lograr una vida mejor de la que, debiendo computar el efecto de la corrupción y la delincuencia, tenían en sus países de origen.

Este año para Centroamérica no ha sido bueno, si tenemos en cuenta una serie de factores desagradables, como la pandemia del Covid-19, que ya se extiende en el tiempo y que, peor aún, comienza a perpetuarse como una situación normal. Cuando no es por una plaga de langostas, es por un terremoto, pero siempre, de la forma que sea, existen fenómenos que, provocados por el hombre, así como por la naturaleza, no dejan de acechar a la economía de Centroamérica.

Tal es la situación que, atendiendo a los últimos rankings en base a los indicadores de desarrollo humano, economías como El Salvador, Honduras, entre otras, se encuentran en puestos que están más cerca de la cola que de la cabeza del ranking.

De acuerdo al índice de desarrollo humano (IDH) oficial, únicamente Costa Rica se encuentra en el selectivo de países con indicadores de desarrollo humano alto. El resto de países, sin excluir a ninguno más, se encuentran en puestos que podrían ser sustancialmente mejorables. Puestos que muestran una situación que debe revertirse para comenzar a lograr esa prosperidad que tanto ansía la región.

En este sentido, la situación que han vivido las economías de Centroamérica, como decíamos y valga la redundancia, ha sido bastante mala. La falta de inversión extranjera, el mal comportamiento de los precios en las materias primas, el freno del comercio global por la situación que vivían los países y la guerra comercial entre China y Estados Unidos, la mala situación que atravesaba la economía mexicana, los desastres naturales que han acabado con muchas de las cosechas que sustentan el sector primario, y ahora la pandemia que sacude al planeta, son algunos de los fenómenos que han dañado gravemente la economía de Centroamérica. Una economía a la que, ahora, debemos agregarle el efecto del turismo en sus cuentas públicas, donde también sufrirá un shock por la incapacidad de viajar al destino, así como el descenso que va a sufrir la actividad turística en los próximos meses.

Tanto es así que, observando los pronósticos que ofrece el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su última revisión del informe WEO para el mes de junio, la economía en América Latina y El Caribe sufrirá una contracción que podría llegar a situarse en el entorno del -9% y el -10%. Dicha contracción está provocando fuertes deterioros en determinadas economías que, debido a su situación, se muestran mucho más vulnerables, así como necesitadas de contener dicha pandemia. Pues, atendiendo a los efectos de la pandemia en estas economías, el golpe que esta está asestando a los países de la región es un golpe asimétrico, por lo que todas las economías no lo están viviendo con el mismo grado de intensidad. Además, si recordamos el artículo publicado sobre las remesas, la situación, sumada a un entorno en el que los niveles de renta se están viendo deteriorados en tanto en cuanto las remesas dejan de llegar al país, hablamos de un escenario muy hostil para una de las regiones más golpeadas.

Así, dicha situación, atendiendo a los pronósticos que ofrece la ONU, está provocando en los ciudadanos una tendencia reaccionaria que los lleva a querer salir de una tierra tan hostil como dañada, como es Centroamérica en estos momentos. Los movimientos migratorios irregulares en la región se han ido disparando durante los últimos años. Sin embargo, se espera que, ante un deterioro tan intenso como el que ha generado el Coronavirus, en un escenario en el que la pandemia, incluso, se está comportando peor de los esperado, tal y como refleja el FMI, estos movimientos migratorios de los que hablamos se comiencen a disparar en los próximos meses; máxime cuando hablamos de una pandemia que comienza a intensificarse, que cada vez contagia a más ciudadanos en el territorio, y que debe afrontarse con unos recursos sanitarios que, atendiendo a la estadística, están a años luz de las economías desarrolladas.

En este sentido, hablamos de unos indicadores que, como las camas de hospital por cada 1,000 habitantes, muestran una escasez desmesurada en las economías de la región. Así, hablamos de un índice que en la mayoría de las economías que integran la región no llegan, ojo al dato, ni a una cama por cada 1,000 habitantes. Este indicador, aunque pueda parecer incomprensible, es de extrema importancia. Pues ya no solo hablamos de una sanidad que se muestra menos capaz de salvar personas, sino de una incapacidad para atender a los ciudadanos en el país, dada la escasez de recursos que, reflejada en los indicadores, pone en peligro los índices de mortalidad; unos índices que, de seguir aumentando los contagios, podrían comenzar a intensificarse al alza.

Tal y como refleja la ONU, dicha situación está llevando a que los ciudadanos en los países que integran Centroamérica traten de huir, en busca de oportunidades que puedan dotarle de una vida, ya no solo más tranquila, sino que, ante la situación, como poco se muestre más saludable. Además, teniendo en cuenta la situación previa, donde los desastres naturales obligaron a más de 700,000 habitantes a abandonar la región el año pasado, se espera que, ante el COVID y los datos que ya se recogen, esta cifra no sea más que un aperitivo para la registrada cuando la tormenta se disipe.

 

Fuente: Forbes Centroamérica

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