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Banco Mundial: La riqueza mundial ha aumentado, pero a expensas de la prosperidad futura

En un informe del Banco Mundial se proporcionan datos para poder tener una perspectiva más integral del crecimiento económico y de la sostenibilidad, y se concluye que la proporción del total de la riqueza mundial en capital natural renovable está disminuyendo y se encuentra amenazada por el cambio climático.

 

Según el nuevo informe del Banco Mundial titulado La riqueza cambiante de las naciones publicado hoy, la riqueza mundial ha aumentado en general, pero a expensas de la prosperidad futura y agravando las desigualdades.

 

Los países que agotan sus recursos para obtener ganancias a corto plazo colocan a sus economías en una trayectoria de desarrollo insostenible. Si bien suelen utilizarse indicadores como el producto interno bruto (PIB) para medir el crecimiento económico, en el informe se sostiene la importancia de analizar el capital producido, el capital humano y el capital natural para comprender si el crecimiento es sostenible.

 

En el informe La riqueza cambiante de las naciones 2021 se hace un seguimiento de la riqueza de 146 países entre 1995 y 2018 midiendo el valor económico del capital natural renovable (como los bosques, las tierras cultivables y los recursos marinos), el capital humano no renovable (como los minerales y los combustibles fósiles), el capital humano (los ingresos a lo largo de la vida de una persona), el capital producido (como los edificios y la infraestructura) y los activos extranjeros netos. Ese documento también incluye por primera vez el capital natural azul, representado por los manglares y los recursos pesqueros marinos.

 

“Para lograr un futuro verde, resiliente e inclusivo es esencial comprender mejor y con más amplitud la sostenibilidad de la riqueza”, manifestó la directora gerente de Políticas de Desarrollo y Alianzas del Banco Mundial, Mari Pangestu. “Es fundamental que se asignen al capital natural renovable y al capital humano la misma importancia que a las fuentes más tradicionales de crecimiento económico, de modo que los encargados de formular políticas tomen medidas para poder conseguir la prosperidad a largo plazo”.

 

De acuerdo con el informe, la riqueza mundial aumentó considerablemente entre 1995 y 2018, y los países de ingreso mediano están alcanzando el mismo nivel que los países de ingreso alto. Sin embargo, la creciente prosperidad ha estado acompañada de una gestión no sostenible de algunos activos naturales. La riqueza forestal per cápita de los países de ingreso bajo y mediano se redujo un 8 % entre 1995 y 2018, lo que refleja una considerable desforestación. Mientras tanto, el valor de las reservas pesqueras marítimas mundiales cayó un 83 % debido a la gestión deficiente y a la pesca excesiva durante ese mismo período. Es posible que los efectos que se prevé que tendrá el cambio climático agraven estas tendencias.

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Además, la valoración incorrecta de activos como los combustibles fósiles que emiten carbono puede provocar una sobrevaloración o consumo excesivo de esos activos. Se puede poner al desarrollo en una trayectoria más sostenible adoptando una perspectiva integral de la riqueza y poniendo en práctica medidas normativas que incluyan establecer precios del carbono que permitan valorar y fomentar mejor activos como los bosques, los manglares y el capital humano.

 

Según el informe, la desigualdad mundial en cuanto a la riqueza va en aumento. Entre 1995 y 2018, la participación de los países de ingreso bajo en la riqueza mundial no experimentó grandes modificaciones y se mantuvo por debajo del 1 % de la riqueza mundial, a pesar de que alrededor del 8 % de la población del mundo vive en esos países.

 

En más de un tercio de los países de ingreso bajo la riqueza per cápita se redujo. Los países que experimentan una disminución en la riqueza también tienden a tener un deterioro en su base de activos naturales renovables. En el caso de los países de ingreso bajo, sigue siendo fundamental que estos gestionen de manera correcta el capital natural renovable, que representa el 23 % de su riqueza.

 

En todo el mundo, la proporción del total de la riqueza en capital natural renovable (los bosques, las tierras cultivables y los recursos marinos) se está reduciendo y se encuentra amenazada por el cambio climático. Al mismo tiempo, el capital natural renovable se está tornando más valioso porque brinda servicios esenciales para los ecosistemas. Por ejemplo, los manglares protegen la costa contra inundaciones, y su valor en ese sentido ha aumentado más de 2,5 veces desde 1995 hasta superar los USD 547 000 millones en 2018. El valor de las áreas protegidas por kilómetro cuadrado también ha aumentado rápidamente.

 

“En el informe ‘La riqueza cambiante de las naciones’ se proporcionan datos y análisis para ayudar a los Gobiernos a establecer precios y políticas adecuados para un desarrollo sostenible”, manifestó la directora del Departamento de Prácticas Mundiales de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Economía Azul del Banco Mundial, Karin Kemper. “Debido a que las repercusiones de la contaminación y del calentamiento climático se pasan por alto, históricamente los combustibles fósiles se han sobrevalorado, mientras que aquellos activos que contribuyen a mitigar el cambio climático, como los bosques, son infravalorados”.

 

En el informe se muestra que el capital humano, medido como los ingresos que la población prevé obtener en el curso de su vida, es la fuente más importante de riqueza en todo el mundo, y en 2018 abarcaba un 64 % del total de la riqueza mundial. Los países de ingreso mediano acrecentaron sus inversiones en el capital humano y, a su vez, experimentaron importantes aumentos en su proporción de riqueza del capital humano mundial.

 

Si bien aún se desconocen cuáles serán los efectos a largo plazo de la pandemia de COVID-19, es probable que los países de ingreso bajo sufran los impactos más graves, con una pérdida proyectada del 14 % del capital humano total. Además, el capital humano se reduce debido a las brechas de género que existen en todas las regiones y grupos de ingreso, y que han experimentado pocas mejoras desde 1995. La calidad del aire también tiene graves consecuencias tanto para el capital humano como para el cambio climático, y representa más de 6 millones de muertes prematuras por año.

 

La riqueza del capital natural no renovable (los minerales, los combustibles fósiles) se ha reducido desde 2014, principalmente debido a la caída de los precios de los productos básicos.

 

En el informe se abordan los efectos que se proyecta que tendrá sobre la riqueza de los combustibles fósiles una transición hacia menores emisiones de carbono y la aplicación de impuestos de ajuste sobre el carbono en las fronteras, y se incluyen recomendaciones para la gestión de los riesgos económicos que se les plantean a los países dependiente de recursos. Se determinó que los países con una gran dependencia de la riqueza de combustibles fósiles tienen menores proporciones de riqueza proveniente del capital humano, a pesar de sus altos niveles de ingreso, con un capital humano que solo representa un 34 % de su riqueza.

 

En el informe se describen varios aspectos prioritarios que los encargados de formular políticas deben tener en cuenta a fin de diversificar y reequilibrar sus carteras nacionales para poder ser más resilientes y sostenibles. Se recomienda invertir activamente en bienes públicos, como la educación, la salud y la naturaleza, para evitar el agotamiento no sostenible, y gestionar futuros riesgos. Esas recomendaciones también incluyen medidas normativas y de precios que ayuden a reflejar el valor social de los activos y a dirigir la inversión privada de modo de conseguir mejores resultados para todos. Esto puede incluir, por ejemplo, acciones como reorientar los subsidios a la pesca y tomar medidas para fijar el precio del carbono y promover los activos de energía renovable.

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